martes, 28 de mayo de 2013

Allemande

... y tocaré y tocaré hasta que los dedos sangren
aquellas notas que esculpías para mí
y no me perderé
y no me perderé
en las palabras corrompidas por el uso...
Oh, Música...
tú, siempre me fuiste fiel
oh Música....
Tahúres zurdos



A veces todos los vientos parecen soplar en contra. Sólo Él está a mi lado, mis dedos lo acarician, recorriéndolo, y la tormenta comienza a apaciguarse...




jueves, 16 de mayo de 2013

In memoriam



Hay una raza de hombres inadaptados,
una raza que no puede estarse quieta;
rompen los corazones de sus parientes y amigos,
mientras vagan por el mundo a su albedrío.
Recorren las llanuras, navegan sin rumbo en los ríos
y escalan las cumbres de las montañas.
Llevan en la sangre el sino de la sangre gitana
y nunca aprenden a descansar.

Si siguieran siempre el camino...
¡llegarían muy lejos!
son fuertes, son valientes y sinceros
Pero siempre se cansan de las cosas que ya están
y quieren lo "extraño", lo "nuevo"

Robert Service
Los hombres inadaptados

lunes, 29 de abril de 2013

Nada




De improviso, cuando la bruma desaparece de mi mente, descubro la presencia de una dama gris, me acaricia y envuelve en su manto y me conduce más allá del  tiempo...






La niebla suele aparecer muy raramente, aunque el entorno no es el más idílico, quise atraparla en lo posible.

lunes, 11 de marzo de 2013

Luces y sombras

De vez en cuando la Vida
parece una fantasía
cuando menos lo esperas
te da lo que más querías...
aunque luego
se lo lleva....

(Miguel Poveda, magistral la interpretación de Carmen Linares)


Hacía tiempo que esperaba disfrutar de nuevo de un atardecer... cámara en mano y en un lugar adecuado. Esta es la primera visita a un lugar que creo esconde muchas posibilidades.

Como suele ocurrir, la luz es caprichosa, el viento se presenta a su antojo y muchas veces el terreno es más impracticable de lo que hubieramos deseado, aunque bueno, esto último afortunadamente es temporal.

El sol se ocultó tras un espeso manto de nubes, y la tierra desbordada por las nieves y lluvia , no permitía el paso. A pesar de todo, intenté atrapar algo de color.

Frente a mí una concurrida lagunilla (hasta nuestra llegada)





A mi espalda negros presagios....


lunes, 11 de febrero de 2013

Estrellas

Las ocasiones hay que aprovecharlas, y aunque el viento sople en contra hay que intentar ponerlo a nuestro favor.

Después de un tiempo de inactividad por fin llegaban finalmente un par de días libres que me iban a permitir hacer alguna pequeña escapada fotográfica. Como a pesar de todo algunas obligaciones seguían estando ahí, las horas de que disponía no iban a ser las más favorables, a ésto se sumaba el cielo, completamente raso, debido al viento fuerte que nos acompaña. Desde luego era un serio inconveniente para la localización que había pensado en un principio, y como no quería dejar pasar el momento se me ocurrió poner el viento a mi favor, la única opción viable: una visita a la costa, y recordé una ubicación que sólo conocía en ojos y boca de otros. Gracias de nuevo a un buen informador conocí la ubicación del sitio.

Ya en otra ocasión, cuando visité ese lugar en otra localización (lo comenté esta otra entrada ) me prometí que debía hacerme con un gps, esta vez lo tenía pero la información de éste no siempre coincide con los datos que se pueden encontrar en el camino, por lo que me perdí de nuevo, aunque tras varias idas y venidas logré dar con el lugar.

Tras aparcar y recoger el equipo todavía no tenía la certeza de que finalmente fuera a encontrarla, la costa es muy grande y quizá ella no era visible a simple vista desde lo alto, me equivocaba, cuando caminé un poco a lo largo del mirador natural mis ojos pronto dieron con ella, y no pude evitar sentir una gran emoción.

Con un poco de dificultad inventé un camino de descenso, y llegué a ella. Recorrí sin prisa el lugar estudiando los limitados encuadres efectivos, y mientras probaba uno de ellos surgió el primer sobresalto. Al adaptar el trípode al punto de vista que buscaba, y por haber sujetado la cámara de forma quizá poco ortodoxa, pero segura, el enfoque automático del objetivo comenzó a fallar. No le he dado tanto trabajo como para estar ya despidiéndome del 17-40, pero pensé que debería adaptarme al enfoque manual y buscar la causa más tarde. En esas estaba cuando de improviso la focal pasó a 00, y surgió un inquietante mensaje que indicaba que no había conexión entre el objetivo y la cámara. Aparentemente todo estaba bien, pero pensé en quitarlo y volver a conectarlo. Falsa alarma.

Conseguí la imagen que buscaba, la estrella, etérea entre la dura roca, una hermosa forma cincelada por duros y constantes envites del agua. Los diamantes se esculpen a golpes, las cosas importantes muchas veces las aprendemos irremediablemente cuando nos equivocamos.

A pesar de todo probé un nuevo encuadre, pero el reflejo del sol era demasiado fuerte. Por unos segundos dudé pensando en utilizar un segundo filtro, el viento no me lo perdonó, una fuerte racha me arrancó de la mano el ND de 10 pasos, que fue a parar al agua, no muy lejos, pero entre las rocas. Debía conservar lo que aún tenía. Solté rápidamente la cámara del trípode, y la deposité en unas rocas seguras y alejadas del agua, cerca tumbé el trípode donde no rodase, sin perder de vista ni un instante el filtro, ya sumergido por completo.

Con cuidado de no resbalar y mojarme desagradablemente me acerqué al pequeño hueco donde se había hundido el filtro, y pude recuperarlo. Tras secarlo cuidadosamente con un paño suave comprobé que el accidente había quedado en susto, tan sólo un pequeño arañazo, que no impedía, como comprobé después, su utilización desde una colocación determinada.



A pesar de los sobresaltos disfruté contemplando la estrella de roca y mar iluminada por nuestra estrella de luz.


martes, 29 de enero de 2013

Remanso

Hay paisajes que sólo existen en nuestra mente, recuerdos de algún lugar que conocimos, pero que pasado el tiempo, y al cambiar la perspectiva vital, se diluyen y los recordamos vagamente, no coincidiendo recuerdo y realidad. Otros paisajes son realidad ideal, suele pasarnos a los que dedicamos algunos ratos a hacer fotos, desearíamos la perspectiva perfecta, sin piedras o plantas que molesten la composición trazada, o ansiamos una luz determinada, que quizá nunca tenga posibilidad de proyectarse. Y muchos otros paisajes son por completo inventados, tratamos de plasmarlos alterando la impresión de lo que se nos muestra, a través de los medios que nos proporcionan nuestros equipos y a través del revelado.

No puedo negarme al hechizo de Selene, y su luz derramándose sobre el mar tiene un especial magnetismo, así que cuando surgió el momento no lo dudé.

Es paradójico pensar que la lámina marina casi estática es resultado de atrapar miles de olas agitadas por el fuerte viento. La impresión ante esta imagen es de calma, pero sólo aquellos que conozcan un poco más pueden adivinar las condiciones reales en que fue tomada.



Pienso si no ocurrirá lo mismo en otras situaciones, quizá la serenidad no es sino fruto del control de tormentas internas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

Despedida... y promesas

En ocasiones hay que detenerse, y dedicar un tiempo a cuidar pequeñas cosas que dependen de uno. Este año casi he logrado que no me ganara el tiempo.

Debía, como todas las temporadas, buscar un día para podar, es una tarea que lejos de resultarme fastidiosa la considero reconfortante. Concentro mi atención en las necesidades de cada planta, donde tantas veces sólo nos miramos a nosotros mismos, sirve de catarsis desviar la mirada y descubrir qué es lo que le sobra a cada una, y que le ayudará a renovarse con fuerza y vigor. Me siento un poco escultora de la Naturaleza, modelando la forma que tomará, si todo va bien, cada una, aunque con frecuencia demuestran voluntad propia y brotan de forma diferente a la planificada.

Es un buen momento para reflexionar, para liberarnos de aquello que puede, como a ellas, entorpecer nuestro crecimiento y nuestra proyección. Me gusta detenerme al finalizar cada año.

He recogido el último regalo de una de ellas, cuando ya pequeños brotes sirven de promesa a lo que debe llegar, quizá no la mejor de cuantas ha hecho, pero sí de las más valoradas.




En otro rincón, un curioso ejemplo de plenitud, un rosal antiguo, al que sólo riego y alimento, sin más cuidados, hace semanas que ha decidido agradecerme generosamente la libertad que le otorgo contradiciendo cualquier ciclo de floración establecido: es un rosal de invierno y primavera. También las personas damos lo mejor de nosotras mismas cuando se nos cuida pero se nos deja libres. Me recuerda lo que debe llegar en el jardín en unos meses.



Os deseo que vuestro Año se llene de sueños y promesas cumplidas.