Hay paisajes que sólo existen en nuestra mente, recuerdos de algún lugar que conocimos, pero que pasado el tiempo, y al cambiar la perspectiva vital, se diluyen y los recordamos vagamente, no coincidiendo recuerdo y realidad. Otros paisajes son realidad ideal, suele pasarnos a los que dedicamos algunos ratos a hacer fotos, desearíamos la perspectiva perfecta, sin piedras o plantas que molesten la composición trazada, o ansiamos una luz determinada, que quizá nunca tenga posibilidad de proyectarse. Y muchos otros paisajes son por completo inventados, tratamos de plasmarlos alterando la impresión de lo que se nos muestra, a través de los medios que nos proporcionan nuestros equipos y a través del revelado.
No puedo negarme al hechizo de Selene, y su luz derramándose sobre el mar tiene un especial magnetismo, así que cuando surgió el momento no lo dudé.
Es paradójico pensar que la lámina marina casi estática es resultado de atrapar miles de olas agitadas por el fuerte viento. La impresión ante esta imagen es de calma, pero sólo aquellos que conozcan un poco más pueden adivinar las condiciones reales en que fue tomada.
Pienso si no ocurrirá lo mismo en otras situaciones, quizá la serenidad no es sino fruto del control de tormentas internas.
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martes, 29 de enero de 2013
martes, 27 de diciembre de 2011
Infinito
Me encontraba visitando un castillo que conocía desde mi niñez. Cuántas veces lo había contemplado desde la playa, y apenas había podido adivinar lo que se escondía tras sus muros. Por fin, este verano, tras su reciente reconstrucción y apertura al público tuve la oportunidad de recorrer sus estancias y recrearme en cada rincón.
No pude evitar detenerme ante esta ventana. Numerosos pensamientos vinieron a mi mente, ¿Cuántos anteriormente se habrían detenido, como yo, en aquel lugar para contemplar ese fragmento de infinito? Los muros reconstruidos atestiguaban que algún día volverían a caer, no así aquello que encerraban en aquel hueco.
Meditaba también durante la visita sobre la Vida que es y pasa a ser de otra forma más allá, tras la pérdida de una magnífica persona, ligada también a mi vida desde siempre, como esta fortaleza que ahora recorría. Me detuve, y quise detener el tiempo, ya de por sí detenido, dedicándole interiormente esta mirada.
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