En ocasiones hay que detenerse, y dedicar un tiempo a cuidar pequeñas cosas que dependen de uno. Este año casi he logrado que no me ganara el tiempo.
Debía, como todas las temporadas, buscar un día para podar, es una tarea que lejos de resultarme fastidiosa la considero reconfortante. Concentro mi atención en las necesidades de cada planta, donde tantas veces sólo nos miramos a nosotros mismos, sirve de catarsis desviar la mirada y descubrir qué es lo que le sobra a cada una, y que le ayudará a renovarse con fuerza y vigor. Me siento un poco escultora de la Naturaleza, modelando la forma que tomará, si todo va bien, cada una, aunque con frecuencia demuestran voluntad propia y brotan de forma diferente a la planificada.
Es un buen momento para reflexionar, para liberarnos de aquello que puede, como a ellas, entorpecer nuestro crecimiento y nuestra proyección. Me gusta detenerme al finalizar cada año.
He recogido el último regalo de una de ellas, cuando ya pequeños brotes sirven de promesa a lo que debe llegar, quizá no la mejor de cuantas ha hecho, pero sí de las más valoradas.
En otro rincón, un curioso ejemplo de plenitud, un rosal antiguo, al que sólo riego y alimento, sin más cuidados, hace semanas que ha decidido agradecerme generosamente la libertad que le otorgo contradiciendo cualquier ciclo de floración establecido: es un rosal de invierno y primavera. También las personas damos lo mejor de nosotras mismas cuando se nos cuida pero se nos deja libres. Me recuerda lo que debe llegar en el jardín en unos meses.
Os deseo que vuestro Año se llene de sueños y promesas cumplidas.
lunes, 31 de diciembre de 2012
jueves, 20 de diciembre de 2012
Experimentar
Considero un importante objetivo disfrutar con la fotografía, con el proceso, con la búsqueda, no sólo con los resultados, generalmente una lleva a los otros si las condiciones son propicias. En este paseo fui desgranando motivos otoñales, como apuntes de campo para visitas más óptimas, y me dejé llevar jugando con la luz en algunos rincones.
Al llegar a mi objetivo, un hermoso remanso del río, medio oculto al final de un camino que parece extinguirse, quedé admirada, una hermosa alfombra de hojas doradas y marrones, limpia y recién extendida se abría ante mis pies hasta el agua que la acariciaba.
Dediqué unos minutos a contemplar la hermosa escena, recreándola con otras posibles luces, y me acerqué al agua, que jugaba con las hojas y los juncos. Absorta como estaba, tomando imágenes de aquel juego de elementos, no reparé hasta transcurrido un rato que un curioso murmullo me acompañaba, me giré y mi sorpresa aún fue mayor, una increíble lluvia de hojas caía a mi espalda, traté de recogerla, pero el resultado no hacía justicia a cuanto yo experimentaba.
Continué mirando al agua, veía algo y conseguí, creo, detenerla, ante mis ojos se zambulló una ninfa.
Al llegar a mi objetivo, un hermoso remanso del río, medio oculto al final de un camino que parece extinguirse, quedé admirada, una hermosa alfombra de hojas doradas y marrones, limpia y recién extendida se abría ante mis pies hasta el agua que la acariciaba.
Dediqué unos minutos a contemplar la hermosa escena, recreándola con otras posibles luces, y me acerqué al agua, que jugaba con las hojas y los juncos. Absorta como estaba, tomando imágenes de aquel juego de elementos, no reparé hasta transcurrido un rato que un curioso murmullo me acompañaba, me giré y mi sorpresa aún fue mayor, una increíble lluvia de hojas caía a mi espalda, traté de recogerla, pero el resultado no hacía justicia a cuanto yo experimentaba.
Continué mirando al agua, veía algo y conseguí, creo, detenerla, ante mis ojos se zambulló una ninfa.
lunes, 26 de noviembre de 2012
El guardián de la nada
La lluvia me envolvía, y cubría con un velo cuanto me rodeaba.
Por lo general no suelen confluir los momentos en que la Naturaleza y la Luz se alían y la oportunidad de salir a intentar atraparlas, en esta salida tuve bastante suerte, buscaba poder atrapar la neblina que se iría perdiendo conforme avanzaban las horas, pero en su lugar encontré un manto de fina lluvia.
Resulta mágico cómo se transforma un paisaje que conoces bien con la presencia de las nubes que lo pintan a su antojo, tan sólo contemplarlo ya me supone dar por buena la salida, si además puedo atraparlo con la cámara, la desconexión es completa.
Hay imágenes cuyo valor es puramente emocional, otras permiten detener instantes hermosos o terribles, y en algunas no hay nada excepcional, pero aun así no carecen de Belleza. Todos antes o después perseguimos la imagen perfecta, el instante de Luz diferencial, el rincón no mostrado, y cuando apenas rozamos la supuesta perfección caemos en relativizar y relegar cuantas miradas menores tomamos con anterioridad. Pero creo que es un error. Hay momentos tremendos, irrepetibles, y otros más cotidianos, pero no exentos de encanto, sin unos no existirían los otros.
Aun así la Búsqueda de lo soñado siempre permanece...
Por lo general no suelen confluir los momentos en que la Naturaleza y la Luz se alían y la oportunidad de salir a intentar atraparlas, en esta salida tuve bastante suerte, buscaba poder atrapar la neblina que se iría perdiendo conforme avanzaban las horas, pero en su lugar encontré un manto de fina lluvia.
Resulta mágico cómo se transforma un paisaje que conoces bien con la presencia de las nubes que lo pintan a su antojo, tan sólo contemplarlo ya me supone dar por buena la salida, si además puedo atraparlo con la cámara, la desconexión es completa.
Hay imágenes cuyo valor es puramente emocional, otras permiten detener instantes hermosos o terribles, y en algunas no hay nada excepcional, pero aun así no carecen de Belleza. Todos antes o después perseguimos la imagen perfecta, el instante de Luz diferencial, el rincón no mostrado, y cuando apenas rozamos la supuesta perfección caemos en relativizar y relegar cuantas miradas menores tomamos con anterioridad. Pero creo que es un error. Hay momentos tremendos, irrepetibles, y otros más cotidianos, pero no exentos de encanto, sin unos no existirían los otros.
Aun así la Búsqueda de lo soñado siempre permanece...
lunes, 19 de noviembre de 2012
Manto
Quizá engañé a quien preparó las nubes, aun llevando conmigo la cámara no era el día en que había planeado salir, pero cuando vi el cielo supe que era el momento.
Buscaba poder recrearme en la niebla, pero en su lugar me acompañó una suave y envolvente llovizna, cubrió de una luz especial el paisaje, y me dejé iluminar...
Buscaba poder recrearme en la niebla, pero en su lugar me acompañó una suave y envolvente llovizna, cubrió de una luz especial el paisaje, y me dejé iluminar...
lunes, 12 de noviembre de 2012
Brecha
Las oportunidades se presentan, no lo pensé, cuando vi llegado ese momento tomé la cámara conmigo.
Era un paseo imprevisto a un lugar muy interesante, de forma natural la tremenda salinidad de la tierra en ese paraje, rico también en hierro, forma unas caprichosas formas cuando es atravesado por un pequeño río. Las recientes lluvias jugaban también a crear arañazos en la corteza salada.
Era un paseo imprevisto a un lugar muy interesante, de forma natural la tremenda salinidad de la tierra en ese paraje, rico también en hierro, forma unas caprichosas formas cuando es atravesado por un pequeño río. Las recientes lluvias jugaban también a crear arañazos en la corteza salada.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Búsqueda
Los momentos se dan y aunque la luz no sea la más propicia, es preciso desarrollar aún más la creatividad para aprovecharlos al máximo. Al ser la luz tan radiante, de forma tan radicalmente opuesta a lo que buscaba yo en esta salida otoñal, me centré en plasmar el color exuberante en primeros planos.
A pesar de todo, en mi búsqueda se me permitió un pequeño obsequio: escondidos, o quizá olvidados, algunos pequeños racimos asomaron ante mis ojos cuando me incliné ante su morada.
lunes, 1 de octubre de 2012
Dulce
Ha permanecido en mi jardín sin decidirse a mostrarse durante años, este verano, al fin, la azucena despertó y pude admirar su dulce belleza y disfrutar su perfume. Era hermosa, pero cuando el sol la acarició aún resultó más bella. Esa misma noche comenzó a marchitarse, para dejar paso a otras, como ella, de belleza efímera.
Disfruto observando cómo fugaces rayos de luz dan pinceladas caprichosas y transforman cuanto rozan, aportando un encanto especial a humildes plantas o al eterno cielo. Entreno la mirada.
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